CENTRO CULTURAL UNIVERSIDAD DE CALDAS

publicado a la‎(s)‎ 30 ago. 2017 16:52 por Administrador FRS   [ actualizado el 30 ago. 2017 17:17 ]



CENTRO CULTURAL UNIVERSIDAD DE CALDAS

Por: María Elvira Madriñán



Esta es la oportunidad de compartir con ustedes un proyecto que se encuentra en construcción, en un avanzado estado de desarrollo, en la ciudad de Manizales, el Centro Cultural de la Universidad de Caldas.

Este proyecto es la culminación de un sueño, de muchos y de muchos años. El proyecto tiene una larga historia: inicia en 2003, por decisión del Rector de ese momento quien convencido de la importante labor transformadora de la arquitectura, quería dotar a la Universidad con un Centro Cultural que aportara al enriquecimiento cultural de la comunidad universitaria y de la ciudadanía en general.

Estaba compuesto por un gran teatro que sirviera a toda la ciudad, biblioteca, conservatorio, galería de arte, sala de exposiciones, cafetería y servicios complementarios. Un proyecto de gran envergadura, no solo para la Universidad, sino para la ciudad.

Manizales es una ciudad pequeña y montañosa, se encuentra localizada en las estribaciones de la Cordillera Central, una de las derivaciones de Los Andes, en plena región cafetera. Por su conformación geográfica, podríamos decir que casi toda la ciudad está construida en ladera, en lotes con fuertes pendientes.

El lugar del proyecto tiene esa particularidad, una gran pendiente, de más de 30 metros de diferencia entre un costado y otro y con una franja plana en la mitad, lo que llevó a pensar en un proyecto muy longitudinal, para que respondiera a las condiciones particulares del terreno y además para que disfrutara de las vistas hacia uno de los cerros emblemáticos de la Ciudad, el Cerro Sancancio y la gran cadena de montañas que rodean la ciudad con su vista rica y variada.


Teniendo en cuenta las condiciones del terreno, el proyecto se estructuró a partir de un espacio abierto, un patio rectangular, corazón del proyecto, lugar de creación de la cultura, y generador de convivencia. Se hizo un primer anteproyecto, que por diferentes circunstancias al interior de la universidad, no pudo seguir adelante. Sin embargo, cuatro años después, la Universidad interesada en revivir tan importante iniciativa decide modificar considerablemente el programa para hacerlo viable y solicita a Rogelio hacer los ajustes.

Me tocó a mí en suerte convertir en realidad el proyecto, labor en la que me encuentro desde el 2007. El punto de partida fueron los esquemas que había dejado esbozados Rogelio, que respondían a los ajustes solicitados por la Universidad al programa, en los cuales subyacían las ideas esenciales del primer anteproyecto.

Muchos años han transcurrido desde las ideas iniciales; entre tanto, mi búsqueda arquitectónica se ha ido cargando con otras experiencias, que sin duda han enriquecido las ideas que le dieron origen, experiencias que de alguna manera aflorarán en el proyecto, y serán el resultado de una sensibilidad y pensamientos propios.


Consciente de la responsabilidad que recaía sobre mí, dedique mucho tiempo a reflexionar, a decantar las ideas con una mirada abierta y limpia, a imaginar ese lugar y develar las relaciones sutiles con el territorio. Pensé y repensé cada espacio, recorrí y volví a recorrer sus largos corredores, buscando resaltar la geografía particular del lugar, creé, re-creé e inventé cada detalle, analicé la luz y sus reflejos para capturarla y llevarla al interior de cada recinto, volverla parte del acontecimiento, y así poner en valor lo imperceptible y darle cuerpo a espacios cargados de brillos, sombras, reflejos y poesía.



Trabajé al lado de Rogelio por casi treinta años, compartimos el frenesí y la pasión por la arquitectura y de allí, quedó un camino trazado que he seguido recorriendo. A su lado aprendí a trabajar como artesana, así como lo hacía Rogelio. Cada proyecto que hacíamos y que sigo haciendo es un trayecto lento, profundo y silencioso, para moldear cada espacio, hasta esculpir el aire con cada detalle. Creamos un lenguaje hecho de espacios, materiales y silencios, que pudieran transformar la vida, donde la pluralidad, la unión y la convivencia se pudieran desarrollar en libertad.

Para continuar con ese legado me he exigido una inmersión máxima de introspección reflexión y control, pero a la vez de frescura y libertad, para permitir que afloren de cada uno de los proyectos los significados y valores elegidos por nosotros, al tiempo que la claridad y la fuerza vital que habita en ellos.

Los materiales, el concreto y ladrillo, con los cuales habíamos trabajado ampliamente. El concreto ocre a la vista, enfatiza la estructura, la deja en evidencia, el ladrillo, la envolvente, se compone como en la música, con ritmos cadencias, silencios, que conforman la armonía del conjunto. Empezamos por desarrollar el concreto color ocre con la empresa concretera de la región. Fue una tarea ardua, se hicieron muchos ensayos hasta lograr la tonalidad buscada, otra vez con el uso de pigmentos, como en la Alianza Francesa, pues las arenas de la región son de color oscuro, por lo que no era posible obtener un concreto de color ocre sin la ayuda de pigmentos.

Lo mismo hicimos con el ladrillo, pues en la región sólo se producía un ladrillo color rojo oscuro, que no era la tonalidad que buscábamos, por lo que adelantamos también una investigación con una de las empresas ladrilleras de la región, para lograr obtener un ladrillo de color ocre, además de la fabricación de piezas especiales, jambas y alfajías elementos que aparte de responder a requerimientos técnicos los utilizábamos para acentuar ciertos espacios, darle una lectura diferente a cada muro, rememorar los zócalos y cornisas y crear un lenguaje particular a cada obra.

Para nosotros, hacer una obra a distancia era algo que nos llenaba de preocupación, por lo tanto todo tenía que quedar definido desde los planos, no podíamos permitir las improvisaciones. 












El rigor empezaba desde el dibujo. Elaboramos planos y más planos, lo primero fueron los planos de formaletas, el diseño de éstas partía de las medidas de la madera en el mercado, para establecer las dimensiones de las tablillas y buscar así el menor desperdicio. La disposición de las tablillas imprime al concreto ritmos y cadencias que se replican tablero a tablero y junto con las dilataciones conforman el lenguaje del concreto, su piel. Con el concreto aparecen también pechinas para suavizar las transiciones entre los planos horizontales y verticales, chaflanes que bruñen los filos y evitan que las aristas se desportillen al desencofrarlas, piezas de remates, que responden a las condiciones particulares de cada detalle y le ponen fin a cada muro.





Nuestra labor también abarcaba la formación de albañiles, solo así garantizaríamos la buena calidad de la obra. Teníamos que enseñar a utilizar el ladrillo de la manera que lo hacíamos nosotros, para ello llevamos manos expertas, personas que se habían formado a nuestro lado y habían trabajado con nosotros en varias obras. Nuestra misión era formar a un nuevo equipo. Al poco tiempo logramos transmitir el saber hacer!

No podíamos dejar nada sin definir, cada muro fue pensado, diseñado y dibujado. Los formes, que normalmente se hacen in situ, los hicimos uno a uno en planos. Teníamos que controlar todos los aspectos de la obra, hasta el más mínimo rincón estuvo pensado y dibujado. Cada visita de obra era fundamental para plasmar en realidad lo consignado en planos, se hacían muestras, se controlaban ejes, pegas, dilataciones. En los planos de formes se detallaban los aparejos, las piezas con medidas especiales, las sogas y tizones que conforman los aparejos, los acentos hechos a los muros con jambas, las profundidades de las ventanas con alfajías y dinteles.

Los pisos en ladrillo, sutilmente responden a las múltiples geometrías del proyecto, y conducen de un espacio a otro caracterizándolos e imprimiéndoles un valor particular, vemos círculos, cuadrados, rombos y hasta flores que pétalo a pétalo, marcan el sentido de las pisadas y enfatizan la geometría de los espacios. En ellos se resaltan las cualidades táctiles del material, sus imperfecciones, su textura rugosa que deja ver la mano de quienes los trabajaron, casi percibimos sus palpitaciones, sus dudas, pero también sus emociones. Todo eso nos devela cada muro, cada piso, cada espacio y eso lo hace fascinante.



Pero no he mencionado aún otros aspectos fundamentales en la arquitectura, aquellos que le imprimen su carácter y esencia: el espacio y la luz. La búsqueda de una espacialidad rica y variada, junto con la consciencia de las implicaciones de la luz sobre cada espacio, condicionaron cada uno de los trazos.

Buscábamos domesticar cada espacio, para permitir que de ellos afloraran la magia y los misterios escondidos. Era necesario jugar con las transparencias, crear profundidades con formas que se replican dentro de las mismas formas buscando el infinito. Queríamos crear concavidades dentro de concavidades, círculos dentro círculos, no solo en el sentido vertical, sino también horizontal. Plantas y cortes se vuelven una amalgama de geometrías y formas entrelazadas entre sí, que buscan despertar los sentidos y crear emociones en quienes recorren el edificio.

Y así, entre concreto y ladrillo, hacemos de la arquitectura un descubrimiento, una experiencia, un recorrido, en el que toman valor el entorno, la geografía, los ascensos, los descensos, las transparencias, las exploraciones por la misma arquitectura. Con ella construimos un lenguaje hecho de espacios, paisajes, agua y tiempo, construido ladrillo a ladrillo.

Me atrevería a decir que la arquitectura no solo se recorre, se contempla, se disfruta, sino que también se lee, como si fuera un poema escrito entre sus muros. Ellos nos dejan entrever su métrica, ritmos, cadencias y silencios develados a través de sogas, tizones, jambas, dinteles y alfajías.











Con ellos creamos nuevos mundos, mundos plenos de imágenes visuales, espaciales y poéticas con las que buscamos despertar la sensibilidad y el placer estético, en quienes los habitan.

Pero la creación no se puede dar por terminada, la exploración debe seguir abriendo caminos, debo seguir buscando esas mezclas sabias y enigmáticas de números, proporciones, ritmos, medidas, cadencias, armonías, que asociadas con los factores intangibles que resultan de mi conocimiento de la historia, del lugar y su implantación en comunión con el cosmos y la geografía, logren la profundidad que el proyecto requiere y despierten las emociones buscadas.

Solo el tiempo dirá si lo logré.


Tomo prestadas las palabras de Rogelio que para mí resumen lo que él buscaba con la arquitectura:

Hacer arquitectura es prepararle al tiempo una ruina, parafraseando un poema de Apollinaire. Es la creación de espacios silenciosos, de formas secretas de infinitas transparencias, de luminosidades misteriosas, de penumbras profundas, también y sobre todo de memorias recogidas y retenidas en las huellas del pasado que nos permiten y nos conducen a nuestra modernidad.





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